¿Has oído hablar del «verano tomato-girl», la «coastal cowgirl» o el estilo «coqueta»? Estas palabras, que quizás hoy no te suenen, en su momento marcaron tendencia en la moda, obligando a las marcas a adaptarse rápidamente para no quedarse atrás. Sin embargo, su influencia fue tan rápida como efímera. Un día, los influencers te decían que llenaras tu armario de rosa estilo Barbie; al siguiente, te animaban a imitar a Kay Corleone de El Padrino con abrigos de piel y gafas oversize.
Estas son las microtendencias, un fenómeno impulsado por las redes sociales que ha revolucionado la industria de la moda. Son tendencias fugaces que aparecen y desaparecen en un abrir y cerrar de ojos, alterando no solo el ciclo tradicional de las temporadas, sino también el concepto de estilo individual. Las marcas han tenido que acelerar sus procesos para mantenerse al día, pero esto no ha estado exento de críticas, especialmente por su impacto ambiental. La necesidad constante de renovar el guardarropa choca con la creciente conciencia ecológica y el ajuste en el gasto de los consumidores, quienes ya no pueden seguir el ritmo de estas tendencias semanales.
Según analistas de WGSN, las microtendencias podrían estar llegando a su fin. En lugar de seguir estéticas pasajeras, los consumidores están optando por un enfoque más práctico y personal, priorizando la individualidad y la sostenibilidad. Por ejemplo, prendas como la blusa Poet, que antes se asociaba con estilos como el «Cottagecore», ahora se reinventa en colecciones de diseñadores para adaptarse a looks más versátiles y atemporales.Para las marcas, este cambio representa un desafío y una oportunidad. La clave está en contar historias auténticas que conecten con los intereses y estilos de vida de los consumidores, más allá de las tendencias temporales. Colaboraciones estratégicas, como la de Nike con Apple, demuestran cómo las marcas pueden ampliar su alcance manteniendo su esencia. Sin embargo, no todas las asociaciones funcionan, como el fallido intento de Nike con Tiffany.